[Memoria. Grecia] Para Sebastián. Desde el rechazo al trabajo…al rechazo de la autoridad.

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La real muerte es el olvido.

El 11 de diciembre de 2013 se produjo un robo en un banco de la comuna de Pudahuel [en Chile]. Cuando el anarquista Sebastian Oversluij entró en el banco anunciando el robo, recibió las balas del guardia armado del banco, defensor de los ricos y autoritarios. Sebastian cayó muerto después de vaciar su ametralladora …

Pero cada día hay muertes sin muertos. Muertes que se repiten todos los días… a causa de las alarmas del reloj en la mañana para no llegar tarde al trabajo, a causa de los trayectos tristes entre la multitud solitaria que va a las oficinas, fábricas, tiendas, a causa de los gritos del jefe que quiere más de ti y más rápido, a causa de los movimientos mecánicos durante el trabajo que mata la creatividad, a causa de la cortesía fingida, del humillante salario como recompensa por la vida que te han robado. Una vida que se mide en función del dinero.

Cuando robamos un banco, no robamos el dinero, recuperamos la vida que nos han robado. Pero un robo puede ser un trabajo adictivo también. Un trabajo como el de todos los demás, con la única diferencia de que el “salario” no está seguro y en caso de accidente laboral, la cárcel o la muerte te espera. A menudo los ladrones no son diferentes de lxs trabajadorxs asalariadxs, sólo trabajan menos en condiciones de alto riesgo, pero comparten el mismo molde mental, el de un consumidor que endiosa el dinero, que admira el poder de los ricos, y su automóvil, su ropa, su reloj son la prolongación de sí mismo.

Sebastian Oversluij no fue un ladrón. Fue un anarquista. Se negaba a ser un esclavo en los bloques de los patrones. Fue un negador del trabajo porque rechazaba la moralidad del trabajo, la moral de un esclavo que piensa como un consumidor. Un robo no es en sí mismo una acción revolucionaria. Pero es un medio de la lucha anarquista por el cual recuperamos de los patrones el tiempo robado y lo organizamos agresivamente contra ellos, planificando acciones anarquistas, ayudando a compañerxs en cautiverio, fortaleciendo iniciativas editoriales y creando infraestructura armada para el ataque contra el dominio.

Pertenecemos a la generación a la que pertenece Sebastian. Una generación que no tiene edad ni nacionalidad. Es la generación de lxs impacientes, lxs irreductibles y lxs soñadores.

No necesitamos héroes, queremos compañerxs que prendan fuego con sus ideas.

Cuando mantenemos vivo en nuestra memoria a Sebastián y a todxs lxs compañerxs que cayeron en el campo de batalla, mantenemos viva la lucha. Una lucha contra el dominio. Y sabemos que la cárcel o la muerte son a menudo el costo.

Pero como alguien dijo, “cinco pájaros comenzaron el viaje hacia el sur. Sólo uno llegó, pero lo que su viaje por cierto quería decir fue que valió la pena intentar volar…”

CCF
Giorgios Polidoros
Christos Tsakalos
Gerasimos Tsakalos
Olga Iconomidu

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